Valle de la templada ciudad de pueblos
dentro en un Gordini de tormenta de domingo
al regreso. Chocando un charco contra sus faros
en plena carretera de provincia. Imaginé a los
gritos, fantasma desesperando de fuego.
Encuerada intemperie de los cruceros
con los puentes que el verano abre
con lluvias.
Cada uno de los inviernos más extremos
de lo inverosímil. Hebras, candil de la templada
ciudad que abisma de por libros.
Volcánicos agujeros a vientos de relieves.
Aprendí a escribir carretera allí donde había
cobertores, subrayados de rutas. Caminos
casi siempre cobardías de canteras
sobre fugas de ripio.