Océano y océano sobre un acantilado en minúsculas
de luego.
Gabriel Roel
Nada que tras nadie símil ánima del ritmo.
Tendal en declinarse puntos de por piedra con
los cantos que lo tácito flota en lo obvio y casi
siempre echan reinvención hechos temblores
de lo que no se aguarda casi, casi por portable.
Cuando con lo incontable dizque lo que insiste
despierta lo que florece acontece aunado estela
de su estrella.
Llueve con siesta sobre la luz de las rebabas.
Con brillantina libre de inteligencia artificial,
el propio buscador esquiva los aprontes para
encontrarse casi siempre desmarcado de una
voluntad corrugada. De lo que se derrapa.
Nadie reparará en los subrayados
detenidos. Ellos con lo indiciario juegan
una partida ciega. Una... Cómo decirlo...
Otra partitura.
Sobre las superficies en relieve la letra,
tierra. Y en ella un par de pies que nunca
y casi, o casi nunca, se convencen sensatos.
O descuidan, deshilachan, discreciones o
estrellas. Como ovejas, arenas des-holladas
de lapsos sin escrito, puntos que fugan.
Ombligo que la sombra hizo vástago
al mito del inicio. Peldaño enracimado
cisne del origen. Tendajo por sus luego
de tendones. Pasto de las rasgaduras.