"Escritura con (a)hora. [...] [T]extualización del contexto."
Cristina Rivera Garza
Un poco antes que nada náufrago
espóiler difumina. Y en esa misma orilla,
esfera, espuma, de arena se disipa.
Impar barrena el mar del poema
en el poema sin otra marejada
que los propios embudos en corte
don de cine ninguno abre cesibles
sus precipitados de horizonte.
la densa vibración
del oído (ODI)
en el límite (ULI).
[...]
frente al silencio,
por si el canto emanase.
Aldo Oliva
Cera de lo que no se dice médanos queda.
En lo que sin amarras del Otro nadie oye
porque sin plano subjetivo no hay espejos.
Y el mar luciferino yendo a
vernos
en el arco que cimbra por su cuerda.
Intransitivo ánimo de un remanso
dentro de otro. Allí donde tantean
ritmo y poso. Regueros sin regreso,
sepia de los brillos.
Estando en el olvido del grafiti de la esquina de Riobamba hacia Necochea que aconsejaba al transeúnte, en mil novecientos ochenta y nueve, 'ayudar a la policía' con un imperativo político inmejorable: 'pegarse solo'; aparece la "poesía confesional" subrayada por Paul Auster en la que entre paréntesis menciona "todos suicidas" en torno a las "diatribas privadas" del Collected Writings de Joe Brainard. No toda memoria donde arde hace juntura para checar esas maletas del antes, del durante y del después de cada Remember.
Esférica su fijación de años envuelta efemérides. Esfera intelectual, esfera ideológica. Esta vez tocada en la experiencia analítica -desimaginarizada- desacantonó modesta. Fruto de una interpretación obtenida allí donde no se la espera. Aquello que retira el reconocimiento de lo deletéreo -su otra cosa- llámese como se llame, es eso que lo separa de su auto-referencia.
Valle de la templada ciudad de pueblos
dentro en un Gordini de tormenta de domingo
al regreso. Chocando un charco contra sus faros
en plena carretera de provincia. Imaginé a los
gritos, fantasma desesperando de fuego.
Encuerada intemperie de los cruceros
con los puentes que el verano abre
con lluvias.
Cada uno de los inviernos más extremos
de lo inverosímil. Hebras, candil de la templada
ciudad que abisma de por libros.
Volcánicos agujeros a vientos de relieves.
Aprendí a escribir carretera allí donde había
cobertores, subrayados de rutas. Caminos
casi siempre cobardías de canteras
sobre fugas de ripio.
Había que calmar candores de sopor con
saliva de grises por escrito. Desde un haber
sin culpa que abre casi todas las deshoras.
Que las abre con ese alambre manivela de
lata envasada de películas, de supervivencia
sobrestimada. Allí donde la discreción es un
baldazo de arena para incendios.
Abstenerse de paréntesis.
Secuenciarse registros para
hacer que cada notación deje
su envoltura. Táctil sombra
de cursor ni modo por escrito.
Raigambre nata sin hache, mañana del júpiter que Laura
dijo jueves en los tobillos del verano. Y subrayó: será! Con
el lino viento ileso de una contra flor al resto en flor a cuyo
inane muesca. Lo que deviene soplo del poema.
Hierba de ese tal César queda su rostro que nos
besa mientras hilos el sol nos marioneta.
Risa.
Hacia Tenayuca
el español de México
en minúsculas con el español
del río de la plata. Y un par de
tientos de brujas sin prosa,
caídas sin aviso del ramaje
de ida por escobas.
Apero. Camellón. Servidumbres
intactas. Hollado que Ray Bradbury
dejó en su adoración dinosáurica. O
en ese: dejado de la mano de Dios
que Juan Carlos Onetti tendió sin
prejuicios con mayúscula.
En esa tinta de la babosa[1], destila lo que se abre contingente a perforar lo imaginario como real de-constituido. Donde una visualidad hecha relieve de contigüidad opera como imaginación. "Tereza" (Denise Weinberg) relanza aquello que Rosa Chacel elabora de las emboscadas con «un reposo y una tranquilidad provechosísima, porque toda la energía que se puede perder rugiendo por la selva se puede emplear en otra cosa.»[2]. Lo distópico sí -clausurado todo atisbo cognoscente- hecho con las hebras que el cuerpo hablante obtuvo del mestizaje y el equivoco[3].
Vaciar concreto con lo rasqueteado de yeso
sin entonces. Entrada con alambres que lo
insondable tuerce de los dizque. Irrisión de
lo que no germina de flotación en verso.
Línea troquelada del propósito en el trazo.
Por el talón
residuo de lo
que se come,
se para de manos
la lectura -una
ansiedad como
de año nuevo-
escribe.
Oído el ruido
de las ruinas
de los tronos
por su torre.
La única
gloria, el
laudo único,
es la guitarra
que Charly
García
destartala
de un saque
sobre las
tablas del
escenario
tras la
mejor
amada
versión
del
himno.
Con un Fuck
you final sublime
del concierto.
El destello sin pronto
del domingo sin apronte
hace un punto. Poema
con caballo. Rompe
vientos.
No es cayendo de prosa
que se adviene. Cuenco
lo centrífugo. Cuenco de
sitio.
Espira en lo que aspira.
Jala la palabra su relieve.
No es por caer de prosa
el corte que por lonja.
Cuenco al cuenco que
vertiente a tiento alza
la curva con la línea.
Porque yacer vuelca
la estepa en la madeja
el aire en que blasona.
Empuja el estentor.
Trajina de oriente.
No agitaré el jueves
en el calor de reproches
al inframundo. Bajo
ninguno de sus grillos.
Haré acoples de su enigma.
Prosa que se tumba de plano
no es poema. Por más que
fuga itere, por felino, lo que
no se atesora.
Un guión bajo para la entrada. Aquellas capturas ni más ni menos imaginarizadas que hacen de la ‘vergüenza ajena’ lo que C. E. Feiling afinando el buril distinguió ‘vergüenza retrospectiva’. En medio de las capturas de conjunto en claroscuro esfuerzo de elaboración para cada madera salomónica. Fluidez discreta bajo empalizadas. En el osado cristal -silencio- de los como síes.
¿Cristaliza
lo que César
en la bouche
derrama de
horizonte?
El amo de las quintas
circunda desde dentro
esencia por columna
ya sin quinta, ni cuarta,
ni tercera. Apenas por
que dice sin asomarse
asíntota si quiera, de
arenisca en terregal,
hondura de arcilla.
Bailo apaisado
Hearin Damage,
Möebius
en clinamen,
longitud del linaje
de apaisado_.
Lobezna orilla hembra del espino.
Agujereado sombra el soplo acto
mar que nombra.
Selene sol del deseo.
Tanto antes que lo redondo asome
su provisión pregnante canto lejos.
Intuitiva tanteo que la voz de más
en gris a fosa, castillo por saciarse.
Cocodrila rubíes por candiles.
Despuntados espuma de cordero.
Pleonasmo de bruma
en sacrificio.
Cocodrila lo inicuo
por el iris del verde
al borde de lo verde.
Colm@ sin cost@. Tempera mental. Escénic@. Murmullo de los puntos por su tanto. Apaisados los conceptos en lo que cada un@ por su screenshot a discreción da el paso aforado. Impactad@ de pulso por su tabla. Ni a un@ ni a cinco por un@ por semblantes. Ni pop. Ni gorra. Ni por varo. Ni un@ que no sepamos tod@s.
Caramelo de goma
Panditas poco a poco de
A poco por su casa.
Bajo el sepia de papaya de la vuelta de la cuadra, el diario que novela. Sepia del apunte. De una a-puntuación que como sombra se confunde con ella. Cuando sus marcas como mercurio desmantelan cuantas comillas involuntarias mimeticen su zaga de ‘etiquetas’. Donde las luminarias descuidan las afueras pero captan sus fueras de campo. Philippe Sollers ubica allí la razón poética en tanto Paradiso e infierno como experiencia del límite que la pulsión trae, acarrea; describiendo el infierno como ese presente histórico de falta de acceso a la poesía. '[A]cto poético' que Pablo Zöpke apunta en su 'clínica del cuadro' despegado de la literatura: cuando ‘[l]a poesía nunca es literatura.’. Enunciación del poeta en el ‘extremo más agudo del luto’, allí donde se apunta al ‘encuentro (die Benegegnun), en su misterio o su secreto (Geheim) […] [E]n su relación sin relación hacia el tú (Du)’ del que Paul Celan está ‘a la sombra’ y sus poemas son él mismo (como se lo dice a Adorno).’
Sepia de ese presente que se a-punta por las ‘perversiones del objeto’ que de más en más hacen llevadera la siesta. En los tiempos del ver que la a-palabra por su demanda y por el objeto cristalizan. Paradójico cielo abierto del a-galma. Disyunción inclusiva que alguna literatura comparada como el modo del discurso histérico alojan y obtienen como lugar o topología. Se dice fácil: advertidos. Pablo Zöpke lo circunscribe como trazo de escalpelo: ‘[s]in la noción de objeto parcial no vamos a ninguna parte.’
En lo ninguno que la cornisa
tiende su terraplén donde lo
provisorio surca. Desactiva
decir con que se los escribe.
Madeja que declina.
Despabilo. Aviento mar
sin Otro. Diario lento.
El filo de silencio corta la incertidumbre por los bordes.
Con el aire de un rapto de estoicismo portátil, la palabra
se desprende. Rebaba del ruido en el que se reinventa.
El nido que los universales tienden no hace al mimbre. Materia
que ampara de sus muros, escombros cauce a causa. Orientación
y campo.
Aparta regla
el mento maleza
por audiencia.
Aparta en lo que acequia
espuma la ciudad el mar
delante el mar, solar bajío
óxido de lo que yerra.
Desmontada de espejos
una palabra del añico con
ellos. Despejada. Jinetera
sin folcklore de acervos,
hechos nubecitas del polvo
que a los dioses vuelve
tacones.
Que al cine donde
se vaya uno a verse descomplete.
Racimos de mitología no hacen
ni desvanecen lo felino necesario
nunca suficiente de ferocidad o
ternura del hallazgo y suelta.
Ancho salto -Visages de una
Selfie con Radiohead- en lo
que no hace respaldo, espalda
cara de la sombra, sol
que oriente.
El síntoma o la paradoja. Y un discurso
que los aloje. Oriente de lo real en ese
asunto dique -dizque- de semblantes.
-"Intuiciones topológicas [Ida Vitale] con
que se colmaron los espacios, a veces
secundarios, de la pintura."-
Notaciones donde piensa por escrito lo
que se lee, fragmentario, de sus calces.
Hay febrero caídos
los albures, el tacto,
toda silvia mental,
saliéndose de cisnes.
Del hay que la zozobra
ladra con los duelos
de ganso vertical
propio del uno.
¿Narcisismo de manual?
¿Improperio en iteración?
¿Relieve de la sombra?
Ay de los ayes costuras
costurerita sin sorna que
sin comas, pases dobles.
Where do I belong? Con
el baile suelto hundido
por las faldas al vacío
de las faldas. Tanteada
carne de carnaval tanto
en temporada de ozono
a marcapasos de Ay va.
Pluma que avizora el viento
en la roca del impacto. Con la curva
en la órbita que los pescadores
desbrozan.
Perla del enigma. Tunal de las olas.
No escuchó decirse ¿Y?
siquiera por pensado. Se dijo
río, te pasas, vamos lentos.
No se dijo no sé. Con silencio
de anzuelo sin carnada.
Sobre aquello tendal de suficiencia
del letargo de aquello
que fallando, falta.
Eso Das
Que faltó. Y que faltará.