Ezra Pound advertido apuntó los soplos inciales
de Babel que la brisa sólo inscribe en distancia,
cernida por un piano a senda de lágrima.
Ciudad a mote en lo imparable,
savoir
faire que incluya,
su arte más sutil.
Minúsculas sobre llovizna el corazón de puerto
entra por la espalda y encaja lo que huye sin bahía.
Sólo fuera de foco de la cena a la boca del metro,
su huella, amor portento amaga sin peligro.
Cisne de la ciudad, esta vez, tumbado el alto
de los peatones diurnos, corner footing
come de madrugada,
entraña silenciosa.
Detenerse es aquella obligación
sin mano única, virulenta postal
en metonimia que asedia desde
adentro, minando estación
por estación, la ciudad del deseo,
ningún regreso.